La indiferencia bajo las sábanas de Hollande

Hollande

En unos días en que los escarceos amorosos del presidente francés ocupan informaciones de los principales periódicos y sitios web de nuestro país, voy ha hacer una revelación sorprendente: Me da igual con quien se acueste François Hollande.

Algunos dirán que es porque me da igual lo que pase en el país vecino, pero no es verdad. También me da igual con quién se acueste mariano Rajoy. O Aznar. O Bergoglio. O Berlusconi mientras no se acueste con menores de edad.

Si le ponen los cuernos a sus mujeres, si ellas lo saben y lo permiten, si no lo saben y les dan ataques de nervios al enterarse, si pasan del tema, piden el divorcio o les parten la cara… de verdad que me es completamente indiferente.

Ni siquiera debería, teniendo en cuenta el desinterés que me produce este tema, escribir un artículo sobre el mismo, pero la manera en la que los líos de cama de Hollande con una guapa actriz ha eclipsado otros temas de mayor importancia durante toda la semana, me invita a reflexionar.

A Hollande, como a Rajoy, se le paga (más que generosamente) por hacer un trabajo. Ni por ser célibes, ni por ser fieles a sus esposas si no por dirigir un país. Los medios destacaron en grandes titulares la negativa de Hollande a dar explicaciones acerca de sus escarceos, pero está falta de aclaraciones está más que justificada. En esta sociedad de permanente crisis, donde el paro ya no es sinónimos de España sino también de Francia, la gente califica de “Escándalo en el Eliseo” las aventuras sexuales de Hollande en lugar de la bajada drástica de sueldos que el gabacho planea aplicar a sus votantes.

Y en España con todo lo que tenemos, el hecho de que un barrio obrero como Gamonal se haya alzado contra su alcalde y conseguido frenar unas obras injusta, carísimas y destinadas a engordar los bolsillos de un constructor “poco transparente”, queda relegado a un segundo plano en comparación con la pregunta de interés general ¿Cómo alguien como Hollande tienen tanto éxito entre las mujeres?

La sociedad del gran hermano, con su mezcla de telerrealidad, ficción e invención popular pretende convertir el día a día de la política en una telenovela barata y mala, desviando la atención de los conflictos verdaderamente importantes (¿qué efectos medioambientales tendrá la destrucción del armamento sirio en alta mar?) para dejarnos atocinados enfrente del televisor esperando el nuevo capítulo de nuestro culebrón favorito, ahora en el horario de los informativos.

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